Cerró una maleta en la
que sobrara todo excepto la cámara de fotos y ese portátil que, en poco
tiempo, consiguió convertirse en cómplice de todos sus pensamientos escritos.
Algo de inquietud impregnaba el ambiente de un viaje que no tenía mucho de
especial, un viaje que había realizado en muchas ocasiones. No entendía muy bien el por qué, pero algo
le decía que iba a ser un fin de semana con destino a "inspiración". Al menos, eso
esperaba.
En el camino mencionó las miles de aventuras que había
vivido años antes, cuando todos sus nervios se concentraban en conseguir un
buen resultado en un partido de fútbol, cuando una retirada a tiempo siempre
era aconsejable en las peleas contra los lugareños. Sin duda alguna, ante aquellas rústicas armas no había nada que hacer. Por aquellos años comprendió que era mejor dedicarse a la palabra.
Una de las habitaciones parecía llevar su nombre. Parecía
estar hecha para ella. Al mirar a través de la ventana recordó su deseo de
poder fotografiar en cada parpadeo. Se propuso que, algún día, transmitiría
todo aquello a través de una imagen. Fue
uno de esos propósitos que se le meten en la cabeza, uno de esos que tarde o
temprano tiene que cumplir. Necesitaba que otros vieran lo que ella veía, que
sintieran lo que ella sentía.
Con la mirada perdida entre llamas y olor a leña se
respondió a todas sus preguntas, encontró todas sus respuestas. Se observó
corriendo calle abajo, inspeccionando los lugares en los que ahora desea perderse para seguir encontrándose. Ante la chimenea se reclamó por qué había estado tanto tiempo perdida, por qué había ocultado a esa gran persona que, por
aquel entonces, se encontraba en un cuerpo tan pequeño.